Muse nos descubrió el camino. Fue el de anoche un concierto que derrochó épica, pasión, guitarras, arreglos complejos, poder y pasión, pero también mucho mensaje, tanto manifiesto como latente. Matt Bellamy, conocido por sus inspiraciones metafísicas y sus devaneos con el mundo del ocultismo, se decidió anoche a dejarnos unas cuantas claves a los fibers que decidimos sensibilizarnos con su liturgia. La iniciación fue ya sólo empezar, con “Knights Of Cydonia”, un tema largo, correoso, que nos desnudó de prejuicios. De un plumazo, nos alejó de esa versión Disney de la realidad que nos hace caer en esa forma gregaria de hipnosis, creyendo lo que leemos en periódicos, oímos en la radio o vemos en la TV para sentirnos seguros en un mundo sin sombras ni enigmas. Con “Map Of The Problematique”, tema clave de su último disco “Black Holes And Revelations”, el trío nos introdujo paulatinamente, con unos sonidos y palabras al principio desconcertantes, en el conocimiento de esa otra realidad velada, latente, lateral, negada por las más diversas autoridades, una verdad que no coincide con los valores tradicionales y que rompe con numerosos tabúes. Un espectacular juego de luces y proyecciones reveladoras daban paso a “Supermassive Black Hole”, que nos desvelaba entre líneas esa inquietante hipótesis que apunta a un origen extraterrestre nuestros problemas presentes. Bases secretas subterráneas, cooperación intensa entre el gobierno norteamericano, su ejército y ciertas variedades alienígenas, abducciones e implantes como manifestación premonitoria de un Nuevo Orden Mundial a través del control mental. A esas alturas del show, la comunión entre las palabras, los silencios y los mensajes de Muse y la comprensión inequívoca que de todo ello hacíamos los fibers era palpable. Turno para dar rienda suelta a las conexiones clásicas del trío de Devon. Los arreglos de “Butterflies and Hurricanes” nos remontaban a sus influencias de Rachmaninov y Tchaikovsky, y lanzaban vínculos con generaciones pretéritas que han ido insertando a sus miembros en las instituciones y tramas más diversas. Después llegarían las antiguas “Feeling Good” y “Time Is Running Out”, para acabar el primer set con una significativa “New Born”, un canto de evolución de la mente desde el cuerpo, de lo espiritual desde lo material, de lo oculto tras lo evidente. Como colofón, un bis triple que unió dos de sus primerizos y más efectivos singles, “Plug In Baby” y “Stockholm Syndrome”, con el tema que inicia su más reciente álbum, “Take A Bow”, una canción que exhorta a los líderes mundiales a que sean responsables de sus actos. Al final, claro, la verdad nos hizo libres y nos confirmó lo que la mayoría ya intuíamos: acabábamos de asistir a uno de los mejores conciertos del ya de por sí brillante FIB Heineken 2007.
Mejor momento: La sensación, al final del concierto, que el show actual de Muse, pese a la sobrecarga de épica, luces, sonido y retórica, retrata una de las mejores experiencias que se pueden vivir en directo en el rock actual. Y, por supuesto, el presentimiento de que Matt Bellamy, a lo mejor, no es tan paranoico como parece. ¿O sí?